Después de semana santa

Queridos amigos:

Pasó la Semana Santa, y yo mismo me pregunté: ¿qué me quedó de todo lo vivido?

Lo pensé bien y decidí confesarlo ante todos ustedes, como queridos amigos y confidentes.

Me quedó la alegría de creer en el cuerpo glorioso de Jesucristo. Su cuerpo ahora es la maravilla de las maravillas: sigue siendo un cuerpo de carne y huesos, de materia verdadera, que los apóstoles pudieron tocar y comer con Él, pero en una nueva forma de vida.

Dios dispuso que la materia del cuerpo humano, de mi cuerpo, llegue a la vida eterna, exista para siempre en forma nueva.  No puedo explicarlo, pero decido creer en lo que los apóstoles testimoniaron.   Toda mi fe está apoyada en esa realidad.   Esa materia del cuerpo de Jesús va más allá de las leyes de la biología, de toda realidad física.  El Jesús Dios promete un mundo nuevo.  Yo vivo para esa meta.

Hay más: yo lo vivo cada día en la Eucaristía.  Ahora cuando comulgo y medito con más profundidad: “como”, ingiero el cuerpo glorioso de Jesucristo, entra en mí una “centella” de feliz Eternidad.

Cuando medité en todo esto, me dije: ahora sí que veo claro que la alegría pascual es real, no es ficticia, como la de un rito que pasa, sino una realidad viviente, día a día, en el mundo entero, bajo los signos materiales del pan y del vino consagrados.

Es una vida nueva real, todavía oculta, pero ya no está sujeta a la muerte.  Es el triunfo de la vida, de la luz, de la belleza, del amor.  Comulgo y quiero dejarme impregnar de su presencia, para que Él viva cada vez más en mí.  Debo recalcar que esta visión no es propia de ser sacerdote, sino de ser cristiano.  Te corresponde a ti como bautizado/a y como “comulgante” estar en contacto con esta nueva vida, comprender ahora que yo no puedo dejar de comulgar cada día, y que todos estamos invitados a celebrar la Eucaristía, y a ingerir “centellas”.

Los invito a tomar con cariño este testimonio y comulgar más a menudo.
Con un gran abrazo y un poco de pudor por mi confesión,
Los bendigo a todos,

Afmo.,
Gustavo Ferraris del C., sdb