Diálogos

Queridos amigos,
Les relato un diálogo con una joven esposa que vino a pedirme ayuda para su “malestar” matrimonial.
La queja mayor era que “mi marido me critica todo”.

  • Y tú ¿cómo reaccionas?
  • Mal.  Me enojo y contesto mal. ¡Yo ya no sé si me quiere!
  • Él está herido, y responde desde sus heridas.
  • Un día tenía la guagua en sus brazos, empezó a llorar y él se molestó, y largó una grosería a su hija.   Yo me indigné y lo insulté con rabia.

En el fondo entraron y están viviendo un círculo vicioso.
Aquí hay que romper el esquema. ¿Cómo? Veamos.  Partamos con los detalles.
–  Cuando llega él del trabajo, ¿cómo lo recibes y cómo se reciben?

  • Con hola – hola. Él llega estresado del trabajo y no se le ocurre nada para conversar algo.
  • Y a ti, se te ocurre algo?
  • Yo no sé que hacer.  Mi suegra, antes de casarme, me avisó que él tenía muy mal carácter.
  • Pero volvamos a la llegada de él de su trabajo.  Qué te parece si tú empezaras a cambiar de actitud y al verlo llegar cansado, le dijeras: “te veo cansado, ¿quieres descansar un poco y atrasamos la comida?”  ¿Crees que reaccionaría mejor?
  • No sé, pero para mí es muy difícil.  Estoy molesta y me dan ganas de encerrarme y de no tomarlo en cuenta.
  • Tú me dijiste que no sabías si él te quería todavía, y ahora te pregunto yo: ¿tú lo quieres todavía? ¿Qué hay bajo tu rabia y tu amargura? ¿Descubres algo de amor?

Qué es el amor en este caso: es el deseo y la decisión de salvar tu matrimonio, pase lo que pase, porque por eso mismo decidiste venir a pedir ayuda.  Aprovechemos esa fuerza de tu buena voluntad.
Sin darte cuenta tú estás diciendo a tu marido: cambia para que yo te quiera, y el amor exige lo contrario: te quiero para que tú puedas cambiar.  No basta con amar.  La vida pide que el otro sienta que lo quieres.  Si tú no le envías ningún mensaje de amor, él está constatando que no lo quieres y tus quejas se lo confirman.

  • Pero ¿por qué yo debo cambiar y no él?
  • Él también deberá hacerlo, pero eres tú que está aquí para buscar soluciones, no vino él.  Tú tienes, en este momento, un mayor capital de amor.  Inviértelo para ser más feliz en el futuro, porque te casaste para ser más feliz, y él también, seguramente.
  • Pero es difícil cambiar.
  • Sin duda, pero es lo difícil que vale.  Mañana tu hijo saca un cuatro en matemáticas y tú le pides un siete.  Te contentarás con que es difícil, o le pedirías que luche, que se esfuerce para mejorar de a poco sus notas?  Así es la vida. Sólo quien ha luchado podrá ser coronado.
  • Pero, ¿si yo cambio y él no?
  • Mira; cada persona busca la felicidad a su manera.  Él claramente no es feliz: ni en el trabajo ni en su matrimonio.

Si tú le ofreces un poco de felicidad, con un nuevo trato, como te sugiero, él sentirá de a poco que las cosas cambian, que tú eres diferente, más cariñosa, más comprensiva, más fuerte para enfrentar las contrariedades.  A los hombres les gusta tener al frente una esposa que enfrenta la vida de pie, luchadora, sin tanto quejarse, y siente el estímulo de apoyarla porque todos en el fondo, queremos el bien. Recuerda que el amor es una “rendición que conquista”.  Tú te muestras humilde, reconoces que te equivocaste, y la humildad es el único camino del amor.
Ensaya, y verás que tú misma te sentirás mejor por luchar por una causa que vale, para ustedes y para Dios.
Cuando reces, no te quedes en fórmulas rutinarias.  Habla con Dios de tus problemas, pide ayuda concreta, como ser más capaz de amar y de mirar para adelante hacia lo nuevo que se abre en tu vida por tus decisiones buenas, creadoras, estimulantes, y acuérdate que la Biblia enseña que “los que miran para atrás se vuelven estatuas de sal” (Génesis).  Decide mirar para adelante, pide con fuerza que Jesucristo, que consagró tu Matrimonio, te ayude y verás.

 

Con todo afecto,

Gustavo Ferraris del C., sdb