Educando al amor

Muy queridos amigos:
Me siento invitado, esta vez, a enfrentar un tema candente, hoy más que ayer: la educación al amor humano (y no sólo a la sexualidad) de nuestros hijos “adolescentes” y “jóvenes”, estos ya autónomos en sus proyectos de vida.

Hay varias maneras, para los papás, de enfrentar.

El más cómodo es “evitar el tema”, que lo traten “otros”, y no es sólo por no enfrentar el problema en sí, por negligencia, sino que muchos papás no se sienten preparados para hacerlo.  Temen, con razón, o no tener el vocabulario apropiado, o caer en un sermón desde la “cátedra”, que ya prevén que será rechazado.

Otra manera común es “presentar” y sólo precaver las consecuencias negativas del uso “imprudente” de la sexualidad.  Es precaución, pero no es solución.   Pero ¿qué es “prudente o imprudente” para cada uno de nosotros, los adultos?

No todos estamos de acuerdo, y en base a ¿qué principios vamos a ponernos de acuerdo?

Es éste el tema de fondo.

¿Qué “antropología” tenemos en nuestra formación personal?  ¿La de nuestros papás, la del colegio, la de la “cultura” post moderna, la de la Iglesia? ¿Y de qué tipo de Iglesia?

Es un tema que yo invito a enfrentar en las próximas reuniones de “grupos-base” de nuestra Fundación.  Pido hacerlo con delicadeza y amor a Dios y a los hijos, para avanzar en la Verdad, que siempre es más grande que nosotros.

No pretendo ahora dictar cátedra.  Confío en el criterio formado de los miembros de la Fundación.     Ponemos en comunidad el tema y lo tratamos en todos sus aspectos: humanos (antropológicos) y divinos (la revelación judeo-cristiana) y compartimos criterios y experiencias; llegamos a enriquecernos mutuamente.

En este compartir está la fuerza de nuestra Fundación.  No estamos solos.

Muchos corazones y muchos ojos captan mejor la realidad y sus desafíos.  Prometo ampliar el tema en un próximo comentario.

Por ahora quiero poner en paralelo dos criterios:

Criterio laicista
 moderno: declara cualquier ley moral en este mundo es arbitraria, producto de la cultura de cada época, procede siempre de una autoridad opresora.
Hay que liberarse de esa opresión porque es fruto de una cultura arcaica.
Para el laicista lo más importante es la libertad individual.
Lo que te parece a ti hoy “bueno”, es hoy bueno para ti.
Debe haber libertad absoluta para decidir según tus necesidades.
Nadie te manda desde arriba.
No existe “nadie”, más “arriba” de ti.
Tú eres el dueño absoluto de tu vida:  por consiguiente las relaciones prematrimoniales, las relaciones extramatrimoniales, la prostitución organizada, el aborto, el niño manipulado en la probeta que cuando hay disfunciones puede ser eliminado al gusto del interesado, las uniones homosexuales con derecho a adopción, pasan a ser canales abiertos para la libertad absoluta del ser humano.
Nadie puede pedirte cuenta de nada.
Basta con seguir una ley social que ampare todas estas libertades.    Para ellos, todas las reglas morales de la historia las confeccionaron los varones para su ventaja, como el machismo, la sumisión femenina, abuso de poder, etc.   Estas son desviaciones que también los cristianos reconocemos y luchamos para corregir.
Ellos rechazan un Dios lejano y “mandón”.
Para ellos es una fábula antigua, para aliviar la angustia de vivir en malas condiciones y sin esperanza.   El fin que se proponen los laicistas más “progresistas”, consiste en el placer de cualquier tipo,  ofrecido por la sociedad y buscado según el propio antojo.
De hecho el laicista moderno, hace de sí mismo el verdadero dios, autoridad suprema,  que termina siendo opresor y tirano para los demás, cuando le obstaculizan su camino.

A este criterio laicista proponemos nuestra visión antropológica humano-cristiana:
Dios es amor y busca el bien de sus creaturas.
La fe Dios quiere proponerla y nunca imponerla, aunque los hombres de Iglesia se hayan extraviado a lo largo de la historia.

La vida humana está orientada hacia la Eternidad feliz que llenará todas las expectativas y deseos.   El ser humano se realiza siempre en comunidad.  Cada persona vive para compartir y buscar juntos la Verdad, es la Verdad que nos hace libres según Jesucristo.   El placer en si es bueno y valioso.  Corresponde al plan divino de la creación, en cuya evolución surge el ser humano sexuado, varón mujer, para amarse y ser fecundos.  A esta verdad revelada la antropología humana agrega que, elplacer de cualquier tipo que sea es personalísimo, intransferible.  Lo experimenta cada individuo.  Puede provocarlo a otro, pero no puede transferir el propio.  El placer es intransferible al otro, porque siempre físico, material.   El gusto que yo siento del chocolate, no lo puedo hacer sentir al otro.  Éste sentirá el suyo propio y exclusivo.   Puede existir el orgasmo contemporáneo, pero siempre individual.  Solo la emoción personal de la alegría es transferible, porque es espiritual.

La conclusión es que el placer, no puede vencer la propia soledad.  La soledad sigue siendo el peor enemigo del ser humano.
Cuando llega al extremo, de rehusar definitivamente el amar y sentirse amado, y cuando es para siempre, sin esperanza, tenemos la definición cristiana del “Infierno”.   La revelación cristiana así lo presenta.

Todo el evangelio nos habla de salvación de esa soledad.
Salvación, ¿de qué?:
Del peligro de auto-condenarse a una soledad eterna.
Jesucristo vino para esto :  Para salvarnos.

Nosotros aumentamos nuestra confianza en la sabiduría amorosa de Dios.  Ahora adquiere todo su sentido poder decir que la Iglesia, y nuestra Fundación en ella,  tiene por misión, como afirmaba don Bosco :  “salvar almas”.

Estrechando filas como hermanos, convenciéndonos de esta verdad, hermosa y trágica, nos sentiremos más discípulos de Jesucristo y mejores apóstoles de su salvación.

Con todo mi afecto de tu amigo y sacerdote
Gustavo Ferraris del C., sdb