Levadura en la masa

Queridos amigos y miembros de la FCM:

Las informaciones de la adquisición de la Sede las dejo al Directorio que lo hará oportunamente.

Hoy quiero dedicarme a satisfacer muchas peticiones (verbales) de ustedes, ayudarlos a reflexionar para cultivar nuestra espiritualidad, que se traducirá siempre, si es auténtica, en asumir y multiplicar la misión de salvar, mejorar, lograr más felicidad, aquí y ahora, (no sólo en la eternidad futura) en nuestro matrimonio y en las situaciones reales de nuestros amigos y conocidos: la sede será valiosa y muy útil, pero sin personas que actúen con mística en ella sería una oficina más y no un “fermento en la masa”.

Nosotros “somos”, por constitución “bautismal” y queremos ser “por decisión personal”, lo que nos pide Jesucristo ser: “sal de la tierra”, “luz del mundo”, “levadura en la masa”, y agrega que “un poco de levadura fermenta toda la masa”. La Sede, simbólicamente, debe llegar a ser, con nuestro cambio de vida, la casa de la levadura, lugar en donde se va para “amar”, “aprender a amar”, “estimular a amar” y “enseñar a amar”.

La razón que nos mueve es la que hemos experimentado, queremos revivirlo siempre y difundirlo: Para llegar a ser felices es indispensable empezar “haciendo felices” al otro, a los otros, a los que amamos y de quienes queremos sentirnos amados. Nuestro pequeño “lema”, ya es probado y experimentado, es que “la felicidad verdadera sólo viene de vuelta” nunca “sólo de ida”. Porque “¡te hice feliz soy feliz yo!”

La vida es una paradoja, y el cristiano lo sabe por revelación de Jesucristo: “Quien quiere ganar su vida (a su pinta) la pierde, y quien sabe perder su vida (por mí, es decir, por la Verdad, por el amor verdadero) la gana.

Porque “doy” recibo. Si parto pretendiendo “recibir” pierdo. El amor es una “rendición que conquista” (cuando se declararon, se rindieron el uno al otro y se conquistaron. Uno se entregó al otro, hizo feliz y fue feliz).

Lo experimento yo con los niños todos los días…

Llega una niñita de 10 años a confesarse y yo le digo:

-¿Qué le dices a Jesús?
Ella, generalmente se acusa de pequeñas infracciones, peleé con mi hermana, le mentí a mi mamá, etc.
– La enfrento: ¿Después de esa mentira, como te sentiste?
– Mal
– ¿Fuiste feliz?
– No
– ¿Te gusta ser feliz?
– Sí
– ¿Crees tú que Dios quiere que seas feliz?
– Sí
– y tu mamá ¿crees que quiere que tú seas feliz?
– Sí
– Entonces aprende a ser feliz. Mira, si tú vas a casa ahora y le dices con mucha decisión a tu mamá: “mamá, sabes ¿te digo una cosa? La mamá te mirará, sorprendida de tu confianza, y te escuchará atenta, y tú bien en secreto le dices:
– Mamá, le prometí a Dios que no quiero mentir nunca en mi vida, pero soy pequeña todavía, y me equivoco. ¿Me vas a ayudar? ¿Qué cara crees tú que pondrá tu mamá al escucharte?
– Ah, feliz (y todas las veces la carita de la jovencita o del muchachito se ilumina de felicidad).
– Ves, que ahora mismo tú empiezas a sentirte más feliz, porque descubriste una manera de hacer feliz a tu mamá. Vete a casa esta tarde y prométete a ti mismo y a Jesús que lo vas a hacer y será más feliz tu mamá y serás mucho más feliz tú, ¡porque fuiste tú quien tomó la iniciativa!

Jesucristo no es un mentiroso, ni un iluso, cuando nos dice que “no hay amor más grande que dar la vida por los que amamos”. Dar la vida no se reduce al mártir del último momento: es el dar la vida, un poco de mi vida al otro para su bien verdadero, día a día, ocasión por ocasión, decisión por decisión, en cuanto decido, cada vez que “reflexiono”, (no vivo en la luna de la rutina, del hacer por el hacer) que contemplo la realidad de mis relaciones, al ver más claro decido hacer un “gesto creativo” de despertar algo bueno estimulante en el otro, “muero un poco a mi yo” egoconcentrado y me salgo a regalar “algo mío” al tú del otro, y al hacerlo, descubro que “hice más feliz” y soy yo ahora más feliz:
Aprendí a amar.

El niño lo hizo a su manera, tú lo harás a tu manera.

Vivirlo y mañana difundirlo, enseñarlo, es ser “apóstol”, misionero del mensaje de salvación de Jesús.

Para esto somos Fundación de Crecimiento Matrimonial y para esto queremos nuestra sede propia, para formar ambiente y estimularnos mutuamente compartiendo experiencias, éxitos y fracasos, triunfos y derrotas.

Con un gran abrazo y bendiciones,

Gustavo Ferraris, sdb
Fundación para el Crecimiento Matrimonial