María y su mes

Muy queridos amigos,

Un amigo me preguntó, en estos días, “¿Qué es para usted el “mes de María?”.  En verdad me preguntaba “que es para usted la Virgen María”.

La pregunta me gustó, y hago extensiva mi respuesta a todos ustedes, amigos míos, miembros o simpatizantes de la FCM.

Lo primero que contesté fue que me encanta tu pregunta porque se trata de hablar de una “persona muy querida”, y cuando una ama, habla con deleite de la persona amada.

Naturalmente, mi relación de amor con María SSma., que creo “verdadera” y no sentimental,  no es una relación con una persona visible y tangible, pero los datos históricos que los Evangelios entregan, son para mí más que suficientes para hacerme presente la persona de esta mujer judía de Nazareth, que supo ser una mujer auténtica, llena de amor, llena de vida y decidida en asumir un proyecto de vida, en toda su plenitud, desde la “Anunciación” del más grande misterio de la Historia, hasta la aparente “contradicción” del fracaso total de ese Hijo, condenado al suplicio como un criminal.

Ella “estuvo”. 

No se desvió de la realidad.  No se le pidió más que esa fidelidad, hasta el fin, y  Ella fue fiel.  El sufrimiento la consagró.

Las peripecias de ir a ayudar a su parienta anciana, que esperaba un hijo, y de trasladarse, estando embarazada, a la montaña de Ain Karim, y de llegar a ser la portadora de la nueva alegría, la de “hacer presente” por primera vez al Redentor del Mundo entre los hombres, y más tarde, de acatar con sencillez la orden de exiliarse en un país extranjero con su guagua en brazos, y con un marido sin experiencia y sin conocer el idioma, son peripecias que a todos pueden acaecer.

Ninguno de los dos esposos, quizás, dejó de pensar por qué un Dios tan poderoso fuera al mismo tiempo tan “inoperante”, frente al peligro de muerte de su Hijo, para obligarlos a buscar un refugio lejano, en lugar de “liquidar al opresor”.

Todo esto manifiesta la riqueza espiritual de esa maravillosa mujer que yo amo y a quien invoco con toda confianza de hijo.

Leyendo entre líneas los Evangelios, yo me doy cuenta de que Dios, con sus medios tan diferentes a los nuestros, formó una figura de mujer que es y debe ser un modelo estimulante para toda mujer hoy, y para todo cristiano, un modelo para que yo asuma un proyecto de vida  bueno, bello, verdadero y digno, como todos los proyectos de Dios, aprendiendo, eso sí, de Ella a amar, a enfrentar las peripecias de la vida con amor , a ser creativo para descubrir  y satisfacer las legítimas demandas de los que me rodean, como María en Cana de Galilea, y como les gustaría a cualquiera de ustedes.

Todo esto, y mucho más, es para mí el Mes de María, y sobre todo lo que es Ella como mujer, como Madre de Jesús y como madre mía.

Me gustaría, como ciertamente le gustaría a cualquiera de ustedes, haber sido “Juan” el amigo de Jesús, y merecer como él “acoger” en “lo suyo” a su Mamá María, como dice el Evangelio que Juan hizo.

Con todo cariño y una bendición,
Gustavo Ferraris del C., sdb