Meditación Cuaresmal 2011

Queridos amigos y amigas:

Con todo mi cariño les digo “amigos” porque en verdad los quiero mucho a todos y a cada uno, porque son una gran razón para mi vida.  Cada día veo más claro que la FCM es un camino de perfección laical en el matrimonio que me entusiasma y me motiva a vivir para ustedes.

Mi salud ha mejorado y puedo reanudar el diálogo con ustedes, compartiendo las reflexiones que han madurando en mí durante esta última postración.

Estando en el hospital, experimenté profundamente lo que es “no poder controlar la situación”, sentir la “impotencia” de mi fragilidad humana, y el Señor me inspiró a comparar mi situación con la situación de Jesús condenado, crucificado, también Él “sin poder”, en cuanto hombre verdadero, controlar la situación.  También Él “impotente”.

La fe me aseguraba que esa “impotencia” Él la transformó en una “ofrenda”: ofreció a su Padre todo su ser en un acto supremo de amor que redimió el mundo: todos los pecados de los hombres, que son actitudes de “desamor”, fueron superabundantemente compensados con ese manantial de amor.

En ese momento uní las dos situaciones: la mía y la suya: yo en mi pequeñez y Él en su grandeza, y pude ofrecer mi impotencia a Dios Padre, uniéndome a su Hijo hecho hombre que me invitaba a imitarlo.

Descubrí entonces que toda contrariedad, toda prueba, toda “tribulación” de que habla el Evangelio, toda “cruz” es una invitación a ofrecer a Dios nuestra “impotencia”; el no poder controlar una situación, puede transformarse en un acto de ofrenda y quedar más unidos con el Señor.  Es la mejor oración.

Estar unidos con el Señor es todo el sentido de nuestra vida.

Experimenté con gozo que Él me ama y me creó para amarlo, ahora aquí, y mañana en el cielo.

Estoy seguro que ustedes también, con pequeños ejercicios de entregar en las dificultades, llegarán a tomar el hábito de estar unidos siempre con nuestro buen Padre del cielo.

En cada contrariedad que nos sucede Dios está esperando un nuevo acto de amor nuestro para Él, para que crezcamos en el amor, hasta su plenitud, ofreciéndole el sufrimiento de nuestra contrariedad.

Entonces sí que toda cruz es una Gracia.  Estamos aprendiendo a aprovecharla.

Voy a ejemplos concretos.

Nuestra vida está llena de “contrariedades”. Salgo de casa y no pasa nunca el bus o me encuentro con un “taco”.  Se me enferma un niño.  Olvidé en casa lo que necesito en el trabajo. Subieron el precio.  Son todos momentos de “impotencia”, que no depende de mi “controlar”.  Puedo enojarme, manifestar mi fastidio, acusar a alguien, pero la situación no cambia.
Qué saludable y cristiano es acostumbrarse a “ofrecer” enseguida a Dios mi “impotencia”, mi situación de criatura.

Yo puedo pasar todo el día absorto en mi trabajo, olvidarme de Dios, pero Dios suavemente se hace presente con la “contrariedad”, con ese momento de impotencia, de contradicción, y si yo, ya se como comportarme, y recuerdo mi propósito de “ofrecer” a Dios mi molestia, porque sé que imito a Jesucristo y soy grato a Dios, me encuentro enseguida con la paz interior, porque Dios responde con amor a mi entrega de amor.

La rabia y la pena quedan, el malestar no cambia, no pedimos milagros, pero la fe me asegura que mi vida tiene sentido porque puedo amar siempre.

El dolor tiene un valor grande ante Dios cuando es ofrecido con amor en la fe en su Palabra: “si quieres ser mi discípulo toma tu cruz y sígueme”, es decir imítame.

En el sufrimiento el acto de amor es más puro, totalmente desinteresado.  Experimenté con gozo que yo no gano nada por el solo hecho de sufrir.  Si lo ofrezco a Dios realizo un acto de amor.  De este modo, glorifico a Dios porque le doy más importancia a Él que a mí y mejoro indudablemente mi relación con mi Padre Dios.

El Señor no permite que tengamos cruces para torturarnos: depende de nuestra fe, que las sepamos transformar en actos de amor.  Así se santificaron todos los santos canonizados y millones de santos desconocidos que constituyen en el cielo la Comunión de los Santos.

Estamos todos invitados a participar.

Aprovecho esta ocasión para agradecer a todos los que se han preocupados por mi salud.  Han rezado por mí y me manifestaron su cariño e interés.  Deseo verlos pronto y reanudar nuestras actividades.

El viernes 25 de marzo a las 19:30 horas, celebraré una Eucaristía en Cruz del Sur 268.
Los invito a celebrar conmigo.  Quiero dar un abrazo de alegría a lo que puedan participar.

Con todo mi afecto y mis oraciones,

Afmo.,
Gustavo Ferraris del C., sdb