Mes de María

Mañana 8 de noviembre, es un día más en la vida, pero quiero invitarlos a transformar el 8 de noviembre en un día marcador que transforme  la rutina en alegría y esperanza.

¿Con que magia? Simplemente con levantar la mirada hacia las realidades invisibles que nuestra fe asegura que son realidades verdaderas, existentes y concretas: la figura de una mujer que es la “mujer” por excelencia.  Está llena de cualidades y cada cualidad o virtud está a la portada de nuestra vida.  Así, a lo menos, yo lo veo y lo siento.

Me imagino ser padre y ser madre de familia, y tener hijos adolescentes y sé que a ellos no les gusta ni rezar ni escuchar sermones.  Ellos quieren ser libres y escoger su camino.  Que nadie se lo impongan.

Sin embargo siempre hay en ellos algo que les dice: tengo muchas cosas, algunas cosas, algunas muy buenas, pero no me siento feliz, quiero más, y no sé que, lo que cada persona busca es sentirse valorizada, comprendida en su esencia profunda, amar y sentirse correspondida.  Es verdad, pero es difícil realizarlo.  Supone que todas las partes estén de acuerdo.

Con estos antecedentes yo invitaría hoy a mi marido, a mi mujer,  y diría: mañana quisiera unirme contigo y con los niños para conversar y buscar salida a lo que me suena como estancamiento: siento en mí y en el ambiente mucha rutina, en que todo parece obvio, y latoso.

Quiero proponer una conversación franca y sincera, exponiendo cada uno con sinceridad lo que gusta o no gusta en la casa, lo que uno desea y no consigue, lo que cada uno propone y pide a los demás y qué ofrece para mejorar.  Nosotros, los adultos seremos los primeros en dar el paso en pedir, en ofrecer y en estar disponibles, lo hacemos en esta ocasión porque empieza en la Iglesia católica el mes de la Virgen y ella nos va a ayudar.

Para mí es muy buena madre y está en cada corazón, en lo que somos y en lo que necesitamos.

Ella parte de noche con su hijo recién nacido, confiando en Dios y en su esposo para enfrentar los peligros del desierto y las aventuras oscuras en un país desconocido, sin trabajo seguro, sin conocer el idioma ni las costumbres, y sin luces para el futuro.  Pero cree en lo que Dios le pide y se juega.  Tiene una conciencia del mensaje del Ángel  y de su maternidad divina, y no se encierra en su éxito extraordinario para complacerse, corre en cambio “presurosa” a acompañar a Isabel en su sorpresiva maternidad.  Su solo saludo despierta alegría y gozo en los demás porque la presencia de Dios en ella es transparente e irradia lo que Dios es: Dios es felicidad, es amor, es bondad, es alegría de vivir, es comunicación a fondo, es generosidad, es paz, ternura, sencillez, benevolencia, mansedumbre, servicialidad. Quien no quisiera tener en sí esas riquezas y cualidades espirituales.

Así me gustaría celebrar  la vida en mi casa día a día, sobretodo en este mes dedicado a la mujer María de Nazaret, ícono cristiano de lo femenino en su plenitud, meditando cada virtud y encanto que Ella irradia y decidir a dar un paso de superación: María, como cada uno de nosotros, no nació hecha, se fue haciendo lo que es. Por eso, yo me propongo y les propongo que escojamos entre todos una sola cualidad, de las que nombramos, y decidirnos por una semana a comprometernos para crecer en esa cualidad, si poco o mucho, no importa, pero lo importante es el deseo y la decisión  de ser mejores, cada uno mirándose por dentro sin fijarse ni juzgar a los demás, sino sólo en la decisión de mejorar nuestra vida familiar, cada semana cambiando de virtud.

El 8 de  diciembre compartiremos los resultados y veremos como poder festejarlo.

Gustavo Ferraris del C., sdb