Navidad

Muy queridos amigos,

La liturgia católica en este tiempo de preparación a la Navidad nos proclama: “Dios viene”. “Nubes, lloved al “Justo”.
Con sinceridad yo me pregunto: ¿qué Dios espero? ¿qué idea de Dios me hago ahora, con toda mi experiencia de vida?

Fui a buscar en los textos sagrados la respuesta, para no ser víctima de mis ilusiones y deseos, y me fijé en un texto de Isaías 54: “Tu Creador te toma como esposa”, “como mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor, como esposa de juventud, dice tu Dios.  Por un instante te abandoné, pero con gran ternura te recogeré”.

“En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con fidelidad eterna te amo, dice el Señor, tu Redentor”.

“Así juro no enojarme contra ti ni reprocharte”.

“Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no te retiraré mi lealtad, dice el Señor que te quiere”.

Este es el retrato de mi Dios en quien yo creo: mi Dios me habla de “ternura” y me dice que me acoge “con ternura”.

Dios se manifiesta capaz de ternura.  La ternura es “un amor que se derrite por ti”, “te quiero hasta sentir las ganas de darte todo”.

El Unigénito de Dios Padre, “la Palabra”, la “imagen perfecta” de la ternura de Dios, se “hizo humano” y nació “pequeño”, “indefenso”, “necesitado de todo” no quiso darse a conocer como todopoderoso, sino como “mendigo de amor”, buscador y necesitado de “ternura humana”, de “cuidados maternales” irremplazables.

Este Dios me invita a bajar de la “adustez” de la “superioridad”, del “poder de la inteligencia” “del prestigio social”, del “poder del dinero”,de la “influencia política”, en todo donde no está la felicidad, o si está, es solo apariencia, es promesa que no se cumple.  Este Dios infante, que despierta ternura,  me invita a ser “humano”, necesitado del cariño de los demás, de la ternura de los que me quieren, de la gratuidad de la amistad que no tiene explicación, como lo experimenté con muchos de ustedes, el sábado 17 de mi larga vida.

Navidad para mi es todo esto, y todo lo que ustedes han podido experimentar en las relaciones familiares y sociales de su entorno, y que sienten ahora “bullir en su corazón” como un manantial de gracias inefables.

Que esta Navidad despierte lo mejor de nuestra capacidad de ternura para amar más y mejor. Aquí está el secreto.
Con un deseo de felicidad y una bendición,
Les abraza afectuosamente a cada una y a cada uno, su cura amigo,

Gustavo Ferraris
 del C.,sdb