Navidad

El Señor viene: ¿Deseo que venga?

En el Antiguo Testamento Dios preparó al pueblo a que deseara ardientemente la venida del Mesías. Todos los grandes profetas alimentaron al pueblo de esa esperanza.

Pero ahora que ya vino históricamente en Belén, ¿qué nos pide la fe en Jesucristo que viene? Dios ha elegido tres maneras diferentes para venir a nuestro encuentro.

La primera fue bajar en el vientre de María en Nazareth y nacer como hombre y entre los hombres en Belén. En esa ocasión se presentó como “ hombre visible ” y como “ Dios invisible ”.

La segunda venida es la Eucaristía. Jesucristo viene cada vez que celebramos la Eucaristía: Se hace presente bajo los signos visibles sacramentales, del pan y el vino, cuando el sacerdote lo pide expresamente.

Estos signos expresan la realidad auténtica de Jesucristo vivo y resucitado y se presenta como Dios invisible y como hombre invisible . La fe lo acepta. La razón no puede explicarlo.

Los sentidos nuestros captan sólo los signos exteriores: Gusto a pan y gusto a vino, la forma de la hostia y la forma del vino. Sólo la fe en la Palabra de Dios nos revela la realidad escondida . Jesucristo con su autoridad nos asegura que quien cree en esa presencia, tiene vida eterna. El cristiano que cree y se entrega a Él, toma verdadero contacto espiritual con Dios, y Dios lo transforma.

La tercera venida: Jesucristo vendrá como Dios visible y como hombre visible, en todo su esplendor, para el encuentro personal y definitivo. El cristiano muere a este mundo y da el paso, el éxodo, de esta vida a la verdadera vida nueva , que es eterna y feliz. Jesucristo aseguró que, además del juicio particular, habrá un juicio general grandioso al final de los tiempos.

Cuando se abra el “ libro de la vida ” (Apocalipsis) todos personalmente recibirán su destino definitivo: los que supieron amar, entrarán al Paraíso, el reinado del amor.

Después de estas reflexiones sería maravilloso que leyéramos en familia los textos evangélicos de San Lucas sobre la Anunciación en Nazareth, y los textos de San Mateo sobre el nacimiento de Jesús en Belén, y compartirlo, grandes y chicos, según su capacidad. Pero no se trata sólo de leer y entender: se trata, sobre todo, de conocer más y de amar más con el corazón. Esta lectura es eficaz si se produce alguna entrega personal interior, al niño Jesús que viene. Un acto de humildad, un acto de servicio, una petición de ayuda para cambiar de vida, son todos “sacrificios” espirituales gratos a Dios.

El profeta nos dice: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí”. Dios no mira ni los labios ni las manos, sino mira el corazón, y ve con que amor hacemos las cosas. “Si no tengo amor, de nada me sirve” (San Pablo).

¿Cómo despertar el corazón, tan centrado en el propio “yo”?

Si una persona le recoge amablemente un objeto a otra, es normal agradecer. Ahí el corazón apenas se mueve.

Pero si una mamá en la playa ve al niño jugar en la ola y de repente esa ola lo envuelve y lo arrastra hacia el mar, y un muchacho al lado se arroja al agua, lucha contra las olas, se revuelve en ellas y lo salva. ¡¡¡Qué diferencia de gratitud se producirá en el corazón de esa mamá!!! Se da cuenta de la grandeza del gesto.

¿Habrá un gesto que merezca más gratitud y entrega, que el hecho de que “Dios se haya hecho hombre” por puro amor, sólo para invitarnos a la felicidad eterna y salvarnos del rechazo eterno?

¡¡¡Cómo no agradecer desde el fondo del corazón la salvación de Dios realizada por Jesucristo, por puro amor!!!.

Jesús nace niño, pobre, indefenso, necesitado de todo como cualquier niño nuestro. Siendo Dios, viene a necesitar todo, para asemejarse en todo a nosotros y convidarnos a trabajar con Él para la salvación de nuestros hermanos. Éste es nuestro Dios.

¿Será posible celebrar la Navidad, sin emocionarse, con inmensa gratitud y entrega filial a nuestro buen Padre Dios, que se hace presente en un niño en un establo de Belén?

Los símbolos del pesebre, del árbol, de los regalos, cobran todo su sentido, si se hacen como gratitud a Dios.

Jesús también ahí aplica su fórmula. “Lo que tu hiciste al otro, me lo hiciste a mí”. Nuestra fe cristiana en Jesucristo puede mejorar el sentido de todas nuestras acciones. Estas acciones realizadas en familia y explicadas con palabras sencillas, dan sentido a la fiesta de Navidad y nos llenan por dentro de una alegría y felicidad inexplicables.

Si le dedicamos tiempo y atención seria, cuidando los detalles, los niños recordarán esos pequeños símbolos para toda su vida.

Así evangelizamos nuestra familia.

Les ofrezco este regalito para Navidad.
Gustavo Ferraris del C., sdb