¿Por qué bautizas una guagua?

Amigos todos:

En esta semana leí en la prensa el comentario de un pastor evangélico, que afirmaba una verdad indiscutible, pero que merece una aclaración:

El pastor dijo que ellos, los evangélicos, bautizan sólo “adultos”, mientras que los católicos bautizan “niños”.

La afirmación responde a la verdad, pero esa verdad es compleja, y es una realidad con un sinnúmero de matices. De todos modos, me parece una ocasión valiosa para aclarar el sentido del Bautismo, y si es razonable o no, el bautizar a una criatura de pocos meses.

En primer lugar el bautismo para adultos es normal y tradicional en todos las iglesias cristianas, desde los apóstoles, y sigue siendo habitual en la Iglesia Católica.

El problema discutido, aún entre católicos , es si es bueno, prudente o imprudente bautizar a niños que todavía no pueden elegir su compromiso.

La acusación de muchos no creyentes es que “la Iglesia abusa de su poder tradicional y viola los derechos de libertad religiosa del niño que no puede decidir”

A primera vista tendrían razón, si no se profundiza a fondo lo que es y significa “la gracia” del Bautismo, es decir, como puede manifestar Dios ser amor personal a una criatura. . a través del “signo” físico del “agua y de la Palabra”. Pero así actúa Dios. Es una forma delicada pero real. Les invito a reflexionar conmigo para encontrar esa “verdad” “que Jesucristo nos propone.

Empiezo con una comparación: ¿puede el niño bautizado, cuando llega a adulto, decirle a sus padres: “¿por qué me escogieron ustedes mis padrinos de Bautismo y no esperaron que los eligiera yo con plena libertad?” Si los papás contestaran: “lo hicimos porque tú no lo podías hacer” le darían razón al hijo; habrían impuesto su voluntad sin tomar en cuenta el posible deseo del hijo.

Pero si contestan: “mira, buscamos siempre dos personas que te quisieran y se preocuparan de ti para tu bien, y ellos aceptaron, además se ofrecieron gustosos: ¿les íbamos a decir: “no, esperen 20 años para quererlo y favorecerlo, sólo cuando él lo decida? Si es un verdadero bien, y pensamos en ti, ¿no te parece, a lo menos razonable, ofrecerte esa oportunidad de ser amado y cuidado? Decidimos por ti, sí, pero pensando en ti, y, por último nuestra decisión siempre quedó abierta a la posibilidad de que tú la confirmaras o la cambiaras. No podemos ni sospechar que sintiéndote valorado y amado por dos personas muy capaces de hacerlo, tu pudieras decir: “¡no quiero sentirme amado!”. Hasta para alimentarte, recién nacido, no nos habríamos atrevido a hacerlo, si no hubiéramos estado seguros de que tú querías ser alimentado y más tarde nos habrías agradecido.

La razón última es la misma para el Bautismo. Todo depende de la fe de los padres o de los responsables del futuro del niño. Si el que decide por el niño conoce la verdad que asegura Jesucristo: “si uno no nace de nuevo, por el agua y el Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios ” (Juan 3,1) y esta persona le cree a Jesucristo, querrá ofrecer a su hijo, o a su ahijado, esa oportunidad de “entrar en el Reino de Dios” a través del misterio del gesto sacramental.

La pregunta de fondos es: “¿qué ofrece Jesucristo con el bautismo?” Responde Jesús mismo: “quien cree en mí, tiene vida eterna”. Jesús al despedirse en la Ascensión dijo, según S. Marcos (16,15): “Id por todo el mundo proclamando la buena noticia a toda la Humanidad”.

Quien crea y se bautice se salvará, quien rehúse creer se condenará”.

Según S. Mateo (28,18) Jesús dijo: “ Me han concedido plena autoridad en los cielos y en la tierra, por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos y consagradlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles a cumplir todo lo que yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin de los tiempos”.

Aceptando el Bautismo, se entra a formar parte del Reino de Dios: en esta tierra, sólo en la fe y en la esperanza, en la vida futura, en toda su riqueza y plenitud.

Yo, papá de este infante, sí creo en esta verdad, y deseo y quiero que mi hijo disfrute, cuando adulto, de esta visión de la vida, aquí en la tierra, y en la realidad definitiva en la otra vida, le voy a decir: “¿espera 20 años para participar en esta esperanza, en esta certeza que me da la fe, de ser feliz para siempre, que es lo que Dios nos promete?” ¡Sería un irresponsable!.

Ahora, si ni yo, ni mi mujer, ni los padrinos elegidos no creemos en esta verdad, entonces no tiene sentido que bauticemos nuestro hijo, porque sería un simple “ rito ”, sin contenido, y sobretodo no habría ningún “cuidado” de ese germen de fe que deposita el Bautismo en esa criatura.

Ninguna semilla germina y crece sin un ambiente favorable para su crecimiento (luz, humedad, temperatura, etc.). Así sucede también con el germen de la fe. ¡Si no recibe alimento, muere!

Preparaba yo un Bautizo con unos papás y padrinos amigos y “semi-analfabetos” en estas verdades de fe, y apareció curioso un hijito de 8 años. El papá le pregunto:

– “¿sabes lo que estamos haciendo?
– sí, dijo, preparan el Bautismo de mi hermanita”

– ¿Y sabes lo que es el Bautismo?
– Sí, lo sé.

Todos quedamos expectantes al notar su seguridad. El papá le dijo:

– ¿y qué es el Bautismo?

Y el chico contesto:

– Es una gotita de su amor que Jesús deposita en el corazón de mi hermanita”.

Los papás y padrinos, ante la misma pregunta habían respondido según lo tradicional: “el bautismo borra el pecado original..” y yo les reclamaba: “Pero cómo pueden hablar de “pecado” para una guagua “inocente, ¡Ese lenguaje confunde!”

Todos quedamos sorprendidos y admirados de la “iluminación” que nos descolocó desde nuestro lenguaje “cerebral”, de repetir fórmulas “cliché”, sin luz interior. El “pecado de origen” es un dogma de fe, sin duda, y lo experimentamos todos los días en el “egoísmo” en la “autoreferencia”, en la “corrupción” que nos invade, pero no se puede presentar en esa forma, ¡como si el Bautismo fuera un quitamanchas!

El acto del Bautismo es un gesto de amor, invisible pero real, de Dios para cada uno de nosotros. Nos da un nombre único para la eternidad.

La nueva evangelización debe ser “nueva” también en el lenguaje; traducir las verdades en un lenguaje que se entienda hoy, en nuestra cultura, sosteniendo las mismas verdades de fe que nos reveló Jesucristo hace 2000 años.

Esto es lo que llamamos la “inculturación del Evangelio”.

Entonces, ¿por qué los católicos bautizamos “niños sin uso de razón”?

Porque, primero confiamos en la presencia de Dios en el alma del bautizado, como lo demuestra en forma sorprendente la respuesta de ese niño de 8 años, y después creemos y confiamos en el cuidado de la familia y entorno del bautizado, más la ayuda de la comunidad –Iglesia.

Si no existen esos soportes no podemos ni debemos bautizar a una criatura indefensa por la edad. La responsabilidad es de los adultos.

Que esta carta despierte en ustedes el deseo de celebrar el día de su Bautismo, de agradecer a Dios el llamado a ser “hijos y herederos” y de darle más importancia a esa fecha , que es la que nos introduce en una vida futura y feliz, que no termina jamás , y no darle tanta importancia sólo a la fecha de nacimiento a esta vida, que por feliz que pueda ser ¡termina!

Con un cariñoso saludo,
Gustavo Ferraris, sdb