Preparación para Navidad

Queridos amigos:

Muchos papás me confían que se sienten perplejos ante el problema de la práctica religiosa de los hijos adolescentes.
Muy común escuchar: ¡“para qué voy, si me aburro, no entiendo nada”!

Quiero ayudarles a enfrentar ese problema, más común de lo que se cree.

Es evidente que no existe una solución “mágica”, pero al mismo tiempo debemos, como adultos, repensar el problema, y a lo menos, compartir experiencias en nuestros grupos y reuniones, y evitar dos extremos fatales: por un lado, “imponer la autoridad”, y someter al  adolescente, provocando rebeldía, con funestas consecuencias al poco tiempo, y por otro lado “abandonar la tarea” de padres educadores y soltar las riendas: “allá tú” y lavarse las manos.  En este momento yo no pretendo dar soluciones “ a la medida”.  El desafío es no sólo religioso, es también “cultural”.   Es uno de “los signos de los tiempos”.   Como “Iglesia”, como “pueblo de Dios”, sacerdotes y laicos, debemos enfrentar este desafío comunitariamente, pidiendo primero a Dios que nos “ilumine”, porque la Historia la guía misteriosamente el Espíritu Santo.  Si Dios permite o quiere presentarnos estos hechos reales ante nuestros ojos, es porque quiere que reflexionemos, que descubramos juntos qué valores auténticos,  como “pueblo de Dios”, hemos descuidado, y que la juventud moderna nos obliga a revalorizar para enderezar nuestras “desviaciones”.

En este comentario no me propongo ofrecer soluciones desde “la cátedra”, como que “yo sé y ustedes no saben”, sino que deseo presentar  “mis puntos de vista” sobre el problema expuesto, y despertar una meditación colectiva, que más tarde podremos compartir en algún “foro abierto”, y encontrar juntos “caminos de salida”.
Dios es misericordioso y paciente, y siempre respeta y aprecia nuestro balbuceo en temas tan profundos como éste, planteados por nuestra juventud.

La pregunta me la dirijo a mi mismo: ¿por qué celebro yo la Santa Misa? ¿Qué me motiva a mí, como sacerdote?
Me atrevo a confidenciarme con ustedes, adultos en la fe, pero en cuanto “esposos cristianos”, es decir, personas que viven el carácter “nupcial” de su unión., y al meditar conmigo las riquezas de ese “carácter nupcial”, sacar juntos las evidentes consecuencias de lo que significa la “liturgia” de la Iglesia, el “rito” de la Eucaristía” y de todos los sacramentos.

Lo que expongo es una “provocación: pido un diálogo posterior indispensable y urgente para no dejar el tema a medio camino.

“Carácter nupcial” del Matrimonio significa y exige dos valores intercruzados: “amor y libertad”.
Amor dice “donación”.  Si no hay intención firme de “donación mutua” no hay matrimonio válido. Libertad dice opción interior del “yo profundo” que excluye toda coacción y todo dominio manipulado desde el exterior.  Si no hay libertad, no hay matrimonio válido.  El rito exterior de la ceremonia, si no tiene ese contenido, es falso, falta a la verdad de lo que celebra.
Si todo esto es cierto, comprendemos la importancia absoluta que todos, como pueblo de Dios, jerarquía y laicado, debemos darle a la preparación “remota” (familiar) y próxima (religiosa o civil) del Matrimonio, como tal. Con mayor razón si es “cristiano”, si se celebra “en Jesucristo” (y no sólo en el templo cristiano o con fórmulas cristianas).  El problema es de fondo, no de apariencias.

Concluimos que “la mutua donación libre” de adultos “responsables”, (lo que significa que ambos tienen capacidad y voluntad de cumplir lo que prometen) constituye el verdadero matrimonio.

Este “carácter nupcial”, Jesucristo mismo lo “legó” a su Esposa, la Iglesia, “pueblo de Dios”, (según la definición del Concilio Vaticano II).  Pues bien, Jesucristo nunca actuó ni actúa como “dominador”.(excepción hecha al haber echado afuera a los mercaderes del Templo, una santa cólera de Dios).  Siempre actuó con amor y por amor, y amor misericordioso, que siempre acoge, anima, levanta, sana, pone de pie, dignifica, mira hacia delante, nunca hacia atrás, perdona.
La Iglesia, la Esposa, cuyos miembros somos todos los bautizados, no puede ni debe actuar de manera contraria a su Esposo.

Es lo que pide Jesús en su legado.  Si no lo cumplimos es una desviación grave nuestra, de los miembros pecadores del pueblo de Dios, ya sea como “jerarquía”, ya sea como bautizados.

Es el Espíritu de Jesucristo, la Tercera persona de la Ssma. Trinidad, el que guía a la Iglesia, a todo el pueblo de Dios, convocado por su Palabra y reunido para celebrar su fe, en los días del Señor.

Jesucristo, el Esposo, “asocia siempre consigo a su Iglesia, su Esposa amadísima, la que lo invoca como a “su Señor”” y por medio de Él rinde culto al eterno Padre” (son palabras textuales del Concilio Vaticano II, sobre la liturgia, n.7).

Los ritos litúrgicos de la Iglesia no son nunca “acciones privadas” (aunque yo rece solo la S. Misa) sino que son celebraciones de la Iglesia, que es “Sacramento de unidad”, por consiguiente las acciones pertenecen al cuerpo entero de la Iglesia, lo manifiestan, y comprometen a todo el cuerpo, cuya cabezas es Jesucristo.  Esta verdad vale también para el sacramento del Matrimonio.

Cuántas cosas debe saber un católico que va a Misa.
Por el Bautismo cada uno participa plenamente del culto que el “pueblo de Dios” rinde a Dios Padre por Jesucristo; culto que tiene un valor infinito delante de Dios, porque está encabezado por el mismo Jesucristo, y participar significa además encontrarse con los otros “hijos de Dios”, hermanos que proclaman de verdad “Padre Nuestro”, “danos hoy nuestro pan”, (nunca es solo mío), “perdónanos como nosotros perdonamos” (¡qué compromiso más formidable!) y finalmente, descubrimos que “cuando se escucha la Palabra en la S. Misa es Cristo quien habla, y cuando comulgamos realizamos un gesto “nupcial”: “donación mutua en libertad”.

Si no hay “donación mutua” no hay comunión en el matrimonio ni en la Sagrada Comunión.  Es muy diferente “comulgar” con Cristo que “tragar una hostia”.   Toda relación con Dios, en especial cada sacramento, conserva su carácter “nupcial”.  Relación mutua de amor en libertad.

No existe una amistad sin ritos comunes, ni tiene sentido ritos comunes sin amistad mutua.
Cristo me quiere y yo lo quiero.  Por eso celebro con gozo la Eucaristía.  Por eso “yo voy a Misa”, dirás tú.  En la Misa me encuentro con los “diversos”, que permanecen “diversos”, como en el matrimonio, donde  se unen “diversos” y permanecen “diversos” evitando la fusión, en la que uno absorbería al otro.  Asimismo, en la Misa no somos una “masa”, no somos “números”, sino  “hijos diversos” y unidos por la fe y por el futuro absoluto, las “nupcias eternas” que nos prepara Dios Padre.

En la vida eterna estaremos todos “celebrando” la misma fiesta feliz que no terminará nunca.  La S. Misa es un anticipo “simbólico”.  La fe le da contenido y sentido.  La Misa no es un “mito”.   Cristo se entrega realmente en el signo del pan.  Es nupcial.  Un desarrollo humano pleno, como personas, y el desarrollo de la fe cristiana, con mayor razón, necesita de la “oración”, por ser conscientes de que “el amor llena de Verdad”, (“Caritas in Veritate” de Benedicto XVI) (y no sólo lleno de buenas intenciones).  Quien sabe orar sabe abrir el camino al amor verdadero.
No es sólo el resultado de un esfuerzo humano, sino que es un “don” de Dios, y como tal debe ser pedido.
Este es el sentido de “ir a Misa”, vista por dentro.  No se puede ir a Misa sin pensar en la Eternidad, en la promesa de Jesucristo, en su resurrección y en la nuestra.

¿Qué sentido tendría escuchar: “hagan esto en memoria mía”, como destaca el sacerdote cada vez, si no pensamos de esta manera?  “en memoria de quién”, ¿De un desconocido? ¿Muy poco conocido?
Interrumpo aquí mi “provocación” y espero reacciones de mi querido “pueblo de Dios” que me “escucha” entendiendo todo lo que les digo, como espero, o preparando las objeciones para el foro que convocamos desde ahora en nuestra sede, para el día sábado 19 a las 17 horas (antes de la S. Misa de las 19:00 para toda la Fundación).
Los quiero mucho a todos en Jesucristo.  Somos su Iglesia.
Con una oración y una bendición.

Gustavo Ferraris del C.,sdb