Que es Dios para mi

Queridos amigos de FCM:

Hace tiempo que no les escribo, ocupado en escribir cartas para solicitar ayudas para la casa, pero debo darme cuenta también de que ustedes y sus vidas son más importantes que la sede futura; y esta verdad debo hacerla sentir, no sólo afirmarla con convicción.

El tema que quiero exponerles es responder a esta pregunta: ¿qué es Dios para mí? ¿una idea? ¿una realidad lejana? ¿una ayuda? ¿un Padre exigente? ¿un Padre bondadoso? ¿la persona de Jesucristo?, ¿el Amor infinito? ¿la felicidad plena? ¿un Misterio?

La cultura moderna dice claramente que no le interesa que Dios exista o no exista: dice que “no lo necesita”, por lo tanto ¡“Dios es superfluo”!

Más que dar una respuesta teórica, me interesa esta pregunta práctica: yo, creyente ¿siento que lo necesito o no?

Me inspiré a escribirles todo esto por este hecho revelador:  Una pareja de la Fundación, que se reúne regularmente en su grupo, nos confidenció que habían experimentado un cambio muy importante y muy consolador en las relaciones con sus hijos, que yo sabía que les producían muchos sinsabores.  Al preguntarles la causa, contestaron radiantes: “desde que aprendimos y nos decidimos a rezar “juntos” por nuestros hijos, milagrosamente todo cambió”.

Antes rezaban también, y mucho, pero cada uno por su cuenta.

Aquí hay un secreto que debemos ahondar: es el “misterio del matrimonio” cristiano.

Según la Biblia, y reafirmado por Jesucristo, lo esposos no son ya dos, sino “una sola cosa”.

Dios estableció que una criatura humana nazca de la unión en una sola carne de dos personas, un varón y una mujer, no de uno solo.  Dios respeta esa ley y quiere que la respetemos también nosotros, en los aspectos tan importantes, de ser un solo ser, tanto en la procreación, como ser un solo ser en la educación y en el desarrollo humano integral, pleno.

Dios escucha más si los esposos ponen todo de su parte para aceptar siempre más plenamente el plan de Dios de ser uno.  Más son uno, más agradecen a Dios.

Pero para ser uno hay que “ponerse de acuerdo” y el primer paso del amor es dejar su espacio al otro.

Para ponerse de acuerdo no puede triunfar uno sobre el otro – sería imposición y no amor – la única manera para ponerse de acuerdo es mirar y ponerse ambos a disposición del Tercero: Jesucristo, el Tercero invisible: Él es la Verdad, es el camino, Él es la vida. Es el mejor consejero.  Si los dos se disponen a rendirse al Tercero, que es la Verdad y el Amor, la cosa resulta como le resultó a la pareja del testimonio citado.

Los invito a meditar esta pregunta y a responderse y a comunicarse después la respuesta

¿Qué es Dios, Jesucristo, hoy para mí, para nosotros?
¿Qué importancia queremos darle?

Vemos el peligro de conformarnos a la cultura moderna, aunque sin decirlo ni pensarlo, pero en la práctica es como si dijéramos: Jesucristo, sí, está bien que exista, pero para nosotros tal como vivimos, es un bien “superfluo”, así, de hecho, no lo necesitamos.  Podemos batirnos con nuestras fuerzas, sin negar nada de lo que creemos, pero Jesucristo no sería tan importante para nosotros.  La única respuesta válida es recurrir más a su ayuda.

Los invito a descubrir y reaccionar ante esta “práctica” de ateismo ingenuo.

Con una bendición,

Gustavo Ferraris, sdb
Fundación para el Crecimiento Matrimonial