Me siento una persona inacabada

Queridos amigos y simpatizantes de nuestra Fundación:

La celebración de mis 60 años de sacerdocio me llenaron de una alegría desbordante, desde la grata sorpresa de la mañana, al inaugurar “simbólicamente” la sede de la Fundación con una celebración eucarística, hasta la reunión plenaria de la tarde en el Patrocinio de San José, rodeado de mis hermanos sacerdotes salesianos y de todos mis queridos amigos que pudieron concurrir.

Les escribo ahora, todavía muy conmovido, para decirles lo que no supe o no pude decirles en esa noche.

A parte la desconcertante manera como Dios, en sus misteriosos planes, me guió suavemente  hasta el sacerdocio, al principio, a lo menos, contra todas mis intenciones, y a parte todo el misterio de un Dios que gratuitamente invita, ayuda, corrige, perdona, estimula, sostiene y regala bonificaciones que siempre dejan boquiabiertos, debo también reconocer lo que significó para mi vida de hombre, de cristiano y de sacerdote salesiano el contacto constante y la convivencia en familia con la mayor parte de ustedes, laicos casados, con su amistad, con sus afectos, con sus problemas y sus desafíos de superación.  No puedo pensar el desarrollo de mi vida, en 60 años de camino, de peripecias, de pruebas y de victorias logradas; de correcciones fraternas oportunas y harto necesarias, que me acompañaron en todo mi recorrido, y de tantos estímulos recibidos en la cotidianidad exigente de la vida matrimonial.

Puedo decir con toda transparencia que la congregación salesiana me ha dado una sólida formación inicial, hasta el sacerdocio, pero ustedes los laicos casados, han hecho madurar mi estilo de vida sacerdotal abriéndome los horizontes de la vida real con sus problemas concretos, sus tentaciones seductoras, las maravillas de la acción secreta de la gracia del sacramento y el valor de abrirse a la ayuda fraterna, unos con otros, superando la tentación, muy clerical de batirse solo y encerrarse en sí mismo delante de las dificultades y de los tropezones.

En cada pareja, en cada grupo, yo me sentí siempre muy amado por ustedes, aprendí a sentirme valorado y estimulado a ser lo que soy, persona, con sus cualidades y sus límites, aprendí a ganar y a perder, con serenidad, y me salió espontáneo ese día de mi cumpleaños sacerdotal, exclamar con plena convicción: “me siento una persona inacabada”, que acepta con paciencia la realidad como es, como es en la presencia de Dios, y como Él quiere conducirme de aquí en adelante, sin preocuparme mayormente del resultado final: veo claro que Dios me invita a caminar, el camino está trazado, y a mí sólo me corresponde recorrerlo, en la alegría de servir a un gran Señor en las personas que Él dispone al lado mío.
Durante mi estadía en la clínica pude meditar en profundidad en estas verdades, he podido leer el libro de Benedicto XVI “Jesús de Nazareth” que me entusiasmó para ser  “más cristiano”, y concluyo aconsejando a todos ustedes conseguir este libro y asimilarlo, para que experimenten ustedes también la alegría que yo experimenté de tener fe en Jesucristo.

Con un abrazo y una oración recíproca,

Afectuosamente,

P. Gustavo Ferraris, sdb
Fundación Para el Crecimiento Matrimonial