Tengo una fe verdadera

Queridos amigos y amigas:

En vista del buen éxito que tuve, en el último comentario, por el estilo que empleé de hablarles en primera persona, confío en que me siga dando buenos resultados, y lo noto por el número de respuestas que recibo, las que me manifiestan el cariño de ustedes, y su calidez, que agradezco de todo corazón y me estimula a seguir adelante.

A veces me examino y me pregunto como bautizado: ¿tengo una fe verdadera o es sólo una fe “intelectual”?

En mi historia personal me di cuenta lúcidamente, de la diferencia entre la fe intelectual y la fe personal en Jesucristo.

Pasé de la fe intelectual, “creer en verdades”, “dogmas” con mucha certeza de que son realidades y no mitologías, verdades que iluminan el camino, válidas, sin duda, pero no alcanzaban a un acto de fe personal profundo, desde el corazón, desde la entrega.

Cuando descubrí, por una iluminación interior, seguramente a través de la lectura de algún buen libro de espiritualidad, que el acto de fe es la adhesión a una Persona, un Hombre histórico, de este mundo visible, que vivió, amó, enseñó a vivir y a amar, que afirmó de sí mismo que “era “la Verdad”, y dio la vida, “el Justo por los injustos”, con una coherencia emocionante, amando hasta el extremo”, me di cuenta de que hubo un cambio profundo en mi vida: “Con el corazón creemos” (Romanos 10,10).

Cuando descubrí la verdad de este Hombre, empecé a tener una relación nueva con Él, de persona a persona, y desde el corazón, no sólo desde la cabeza, y me sentí amado como persona única, y que puedo amar personalmente a este Hombre-Dios que me busca, y que quiere ser “el amor de mi vida”, pero respetando o valorando todos los “amores de mi vida”, porque Él sólo desea enaltecer, liberar, dar plenitud, y no está para criticar ni condenar, sino para que “tengan vida” y la “tengan en abundancia”.

Cuando pisé este umbral, por pura gracia de Dios, me sentí otro tipo de hombre, de cristiano y de sacerdote salesiano.

Les confío toda esta intimidad como amigos, amigas, como hermanos y hermanas en la fe, para que sientan la invitación de Jesús, el Señor, a entrar en relación más afectiva con Él, liberándose de el terrible “debo” (cumplir “obligaciones”) propio de los “esclavos” de la ley, e impropio para la conducta de “hijos del Padre”, que actúan por amor.

Con un abrazo, una bendición, un pedido de oración,
Afmo.,
Gustavo Ferraris, sdb