Tragedia familas Colegio Cumbres

Queridos amigos:

A todos nos ha conmovido la tragedia de las familias del colegio Cumbres, y todos hemos formulado y escuchado comentarios sobre el doloroso episodio.

Yo mismo escuché formular, por radio, juicios terriblemente condenatorios, y sobre todo despreciativos, contra el chofer del bus, y constaté, en cambio, el impacto que produjo la Directora del Colegio, en los funerales, cuando elevó la petición a Dios por el chofer, sin duda, responsable del accidente, manifestando ante el mundo cual es la actitud de los cristianos en esas circunstancias.  Quedó en evidencia, en ese caso límite, cual es la lógica del Evangelio y cual es la lógica del mundo.

Como dice S. Pablo: “la sabiduría de Dios parece estupidez para el mundo, y la sabiduría del mundo es necedad para Dios”.

Cuando asistimos a un hecho clamoroso, que conmueve las conciencias de todo un pueblo, debe aparecer siempre un mensaje misterioso para cada uno de los mortales, como una señal del cielo que algo quiere decirnos a cada uno.

Será una responsabilidad personal extraer una lección de vida al reflexionar sobre lo acontecido, desde el agnóstico que confirma su visión de “lo absurdo” del sufrimiento, pasando por el creyente, de mentalidad todavía infantil de su fe, que se pregunta por qué Dios quiere, acepta o permite tanto mal, si puede evitarlo, como todo buen padre, hasta llegar al creyente de fe madura que “adora” a Dios, como es , siempre infinitamente bueno y siempre misterioso en sus planes, y que sigue amando a ese Dios cuando lo entiende, y le agrada, y cuando no lo entiende, como cuando, pierde a una hija buena y feliz, y sabe decir “sí”, como un mártir antiguo ante la amenaza de muerte del perseguidor romano.

Hay “sí” dichos en la luz radiante de una alegría inesperada, y hay “si” dichos en la oscuridad incomprensible de un sufrimiento insoportable.  Es el misterio de la cruz.

No se puede “amar” la cruz como sufrimiento, sería masoquismo, pero, en la fe, se puede “amar” a la otra persona, a Dios, en el sufrimiento.  Es el caso sublime de Jesucristo, amó, en el sufrimiento de su agonía, a Dios su Padre, y a nosotros sus hermanos, hijos de su Padre, y su amor satisfizo todas las faltas de amor de todos los humanos y todos los desamores entre nosotros los hombres, y de nosotros para con Dios.

¡Amar en la alegría es bello y fácil!

Amar en el sufrimiento es difícil y oscuro, pero es verdadero a fondo, es bello en lo sublime y heroico en la entrega.

La lógica humana afirma: “es imposible, porque es absurdo.  No tiene sentido”.

La lógica cristiana afirma: “Cristo lo hizo, como hombre verdadero lo hizo, y como Hijo de Dios me pide seguirlo.  Y me promete no dejarme solo. Decido seguirlo, amando con Él sin bajarme de la cruz”.

Esta es “una” de las lecciones que nos dieron los del colegio Cumbres.  La otra que sugiero es ésta:

En una desgracia tan grande de no poder amar visiblemente a un ser tan querido, Dios en la fe, nos invita a “amar más , y a amar “ más a fondo ” y a amar “ más a todos ”, sobre todo “ a los que tenemos cerca ” en su concretez, porque lo sucedido nos dice que “ todo pasa ” “ todo pasa pronto ”, o “ todo pasa demasiado pronto ” y no podemos retener el pasado .  La desaparición de este mundo de esta preciosa juventud nos ilumina para vivir más intensamente “el presente”.

El “ayer” ya no es nuestro y el “mañana”, todavía no lo es.

Con todo cariños y una bendición,
Gustavo Ferraris, sdb