Vocación y Educación

Queridos amigos y simpatizantes de la FCM,

Cuando un hijo(a) logra un buen resultado en su colegio los padres se sienten felices, sienten que están acertando en la educación. Les parece fácil seguir adelante.

Pero el problema de una “buena” educación va más allá del éxito actual.  Es un problema de futuro, de preparar para la vida. Dar exámenes y salir airoso es alentador, pero el verdadero examen, se da frente a la vida, no frente al colegio.

Unos papás serios, que quieren asumir todas sus responsabilidades de educadores, no pueden quedarse tranquilos con el buen resultado que asegura el colegio: desde la preadolescencia (11 – 12 años) empiezan a tomar muy en cuenta la enorme importancia del estudio, de la “vocación” de su hijo o hija, en donde entran en juego las tendencias interiores y sobretodo el despertar de la “libertad”, la capacidad de decisión.

Para enfrentar el verdadero problema se requiere darle importancia al diálogo y la convergencia de criterio, entre papá y mamá, exige darse tiempo, a lo menos lo indispensable, para contestar a las preguntas que surgen: cómo vemos crecer a nuestro hijo/a, hacia ¿dónde vemos que camina, a mayor responsabilidad, a mayor reflexión, hacia una auténtica madurez o lo vemos todavía víctima de los primeros impulso infantiles de siempre?  ¿Qué tarea le damos para que crezca en su responsabilidad? ¿Cuándo lo evaluamos? ¿Qué dificultad surge para ponernos de acuerdo? ¿Qué tiempo y atención le damos para escucharlo(a)?

El protagonista de su educación debe ser él/a) mismo/a.  Los padres ayudan, estimulan, pero no lo/a pueden ya tratar como “menor”;  él/a tiene derecho a expresar su opinión, que se va dibujando y asoma lentamente a la vista.  Los padres ya no deben decidir por él/a.  Los hijos son personas, y a la edad del uso de razón deben ser escuchados y deben sentirse tomados en cuenta, y que su respuesta sea ponderada y no rechazada a priori.

Cada hijo es original, no se adapta al esquema del otro, lo papás se superan cuando estudian cuidadosamente las características de cada hijo e inventan una metodología adaptada a cada persona. Enfrentar la preadolescencia y la adolescencia cuesta tiempo y trabajo, pero que alegría experimentaran ambos al ver que su hijo crece y se va auto-realizando, aceptando la vida como es y no como debería ser, lo que indica madurez.

Si a todo esto agregamos el cuidado delicado y paulatino de la relación con Dios, y no de un Dios lejano y abstracto, sino Dios persona concreta, Jesucristo, hombre histórico cuya vida se conoce en sus evangelios. Si se logra este resultado, cuidando y estimulando esa delicada relación con Dios desde la primera comunión, se logra una personalidad segura, firme en sus convicciones, consciente de que debe responder a su propia consciencia y a una autoridad más alta y más grande que él/a. La sociedad espera de las nuevas familias, juventudes preparadas y motivadas para construir un mundo más vivible, más justo y más armónico que todos soñamos. Este es el plan de Dios. Es para meditar y decidir. Ensaya a leer esta página a tu hijo/a preadolescente o adolescente y acoge sus observaciones. Puede surgir un diálogo renovador.

Con todo afecto,

Gustavo Ferraris del C., sdb